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Atrás ha quedado la senda espinosa jornada de llanto de pena y pesar se perdió en la sombra de un frio recuerdo culpas y lamentos, todo terminó.

Pecados pasados Jesús perdonó nunca me acordó lo débil que he sido cuando preso fui del miedo asustado ni cuenta me di, que el estaba conmigo.
Allá en el camino de puros fracasos mientras Dios mostraba su gran piedad pues mientras las cosas todas mal marchaban su mano gloriosa me venía ayudar.
Más por mi ignorancia y mi terquedad no pude apreciar su Santa presencia no pude notar que con su piedad desde el alto Cielo cuidaba mi senda.
Ansioso y perdido en mi férvido afán buscaba encontrar consuelo a mi herida herida profunda que deja el andar sin Cristo Jesús guiando la vida.
En el, encontré aliento a mi alma en tinieblas fragancia presiosa, en su amable voz que dócil volvió mi turbia existencia.
Al estar con Dios tengo la experiencia de rechazar firme al cruel agresor proclamo victoria sin poner barreras a su presencia sublime y todo su amor. |