 ¡No me alejo, Señor, de tu presencia por saberte, mi Dios, un prepotente; y no quiero, Señor, que en mi ignoracia, me hunda en los pantanos de la muerte!

Sólo pido, mi Dios, tener la suerte de marchar hacia ti, con tal firmeza, que, si montañas, en mi camino, encuentre, me motiven a ti y a tu grandeza!
Que bendigas la ruta al peregrino y que pongas tu luz... ¡donde hay tristeza...!  |
|