 Si todas las espinas que adornan la serpiente del camino, se aunaran cual si fueran los pétalos de la flor de mi destino.

De pistilos llevaría mis delirios y de aromas mi dolor. Mas lomos y pesos hondos y marchitos... Pasajes errados y versos malditos.
No habrá quién se atreva a arrancarme esa flor sin sentir en su piel una onda de horror, del sepulcro del alma una plegaria, del dulce de un beso otra ilusión.
Si todas las espinas que adornan la serpiente del camino, cual manecillas de reloj se aunaran; para que perforando el tiempo ponerse a cantar. Que como antes yo.
Tu piel arde como sol, que tus besos siguen dulces en tus labios de flor, que en las caricias que compartes, sin decirlo pronuncias mi nombre sin voz. Si estos versos profanarán tu sentido.
Si este verso no fuera maldecido; compartiría con Dios este castigo. Yo por amar algo prohibido y el, y el por hacer de mi otro mendigo de amor.
 |
|