 Reclinado en el sofá del recuerdo, besaba yo los labios de la muerte y no sabía si estaba loco o cuerdo, le pedí a Dios me diera paz y suerte.

Entonces, recordé a mi tierna madre, la que cultivó mi amor, rosa en mi huerto. La que me dio calor y padre, serenata en las noches del coquí.
Madre mía, en mis versos eres luz, día, estatua en mi memoria, y poesía en mis sueños de Luna en lo arcano! Cuando del agua surges en mi sueño, me llevas, de la mano de pequeño; en los días de invierno o de verano.
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