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No le llamo palabra porque la ruptura es espada en la espalda, he visto muchos "adioses"

Y no me acostumbro, cosida la boca con alambre hay una lágrima negra, el abrazo rompe la piel y una cascada de imágines baña la emprobrecida mente.
La tristeza como novia vestida y dejada en parque desolado vira la cara de pena, el tiempo se conduele y no pasa, casi siempre las nubes alcahuetas lloran y llueve, para el que le ha tocado quedarse, la entrometida tierra se le mueve y al que marcha le aparecen alas.
El adiós es el verdugo que quiebra con golpe seco la misericordia que suplica la unión, la aprovechadora soledad busca compañía, rie con dientes amarillo de sarcasmo, la desolación nace de un adios.
Cuando me vaya lo haré como ladrón, recogeré todos mis besos en la noche esa misma que fué cómplice cuando me vine y commencé a decirte adios, borraré todas las cartas como hice con cada una de mis faltas, un perro reconoce el adios porque no ladra, mi vida entera ha sido una despedida como una isla que se desprende de su archipiélago surcando a la deriva, el papel a medio leer tirado en una esquina.
Mi vida entera… y cuando lo sepas, me habré convertido en rayo en la distancia. |