 Aquel nuestro lugar tan amado, en dónde sediento bebí tu ternura, hoy melancólico y abandonado, sólo conserva de ti, tu figura.

Ese lugar de nobles promesas, de tantos deseos y pasión sin medida, el Sacro Altar en que ofrendé mis tristezas, implorando tu amor para curar mis heridas.
Allí, en dónde tanto te amé, languidecen dolientes ilusiones truncadas y es tanto ese amor que en vano esperé, tu ansiado retorno, mis alas quebradas.
Arrastro mi pena en cruel soledad, lerdo y vacilante, te busco en el nido, extinta tu flama y en espesa oscuridad, no me resigno haberte perdido.
Y en ese recinto en dónde tanto adoré, divagando recuerdos, sin tu presencia querida, roto el altar en que el alma entregué, agoniza mi amor, se me escapa la vida.  |
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