
Si tuvieras ocasión de conversar con mi padre muerto,
le diría tantas cosas zanjando la diferencia de años
y el hecho circunstancial de ser su hijo pródigo.
Diría sin temores ni sonrojos lo mucho que lo amo
que he tenido una infancia muy feliz en la finca comprada
con el sudor de muchas horas de trabajo tenaz
a la par de mi madre.
Diría de mis pesares por las palabras gruesas
que profanaba su espíritu con mis necios alegatos .
En pro del comunismo,
por los sinsabores que ocasionaba mi gusto de los juegos de azar
y las horas perdidas metido en un billar.
Le diría que hubiera preferido ser un tipo dócil
si con ello, hubiera retardado la aparición de canas en su pelo.
Por el contrario, lo hubiera invitado muchas al cine
al ver sus artistas preferidos y al guasón de Cantinflas.
Si por lo menos pudiera conversar con mi Nago adorado,
diría que al menos sus consejos de anciano campesino
no cayeron en terreno baldío.
Diría que amo a la mujer
con el respeto y devoción que tuvo con María Jesús, mi madre.
Y que en el mundo globalizado de hoy en día,
la honradez de los preceptos que enseñó, se mantienen incólumes.
Que mi única riqueza es la devoción ardiente por los versos
y el corazón de la mujer que me ama.