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Comprendo que al ser pequeño frente al mandato divino un angelito me enviaron con inocente sonrisa, para cuidar de mis pasos en venturosos caminos y recordarme entre juegos que el tiempo se va de prisa.
Confieso que he sido tonto, por ello mi ángel es sabio, él es feliz con un beso y el roce de mis caricias, me enseña de nuevo el mundo que en sus pupilas pintado parece salir de un cuento, de magia y de fantasía.
Y me pregunta mil cosas que sin responder escucho, y me pregunto yo mismo si acaso llegado el día en que mi ángel se incline para mirarme a los ojos podré responder certero lo que él me preguntaría.
Y me pregunto si acaso mi amor en su pecho siente, pasivo como un ocaso... y suyo cual su cometa, ¿le bastará en el mañana cuando me mire silente en mi dormir infinito... y cuánto lo amé, lo sepa?
Paternidad eres alta como un tesoro bendito, yo siempre luzco pequeño mas sigo siendo su padre, ¿será que el vivir es sólo un rasguño del infinito, tan inefable y fortuito, como el sonreír de un ángel?
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