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Tu cuerpo, padre, es una piedra en el campo aquél, detrás del río; no sé aún cómo llegó allí, no sé.
Después de tantos años acarreando soles y lunas, aupando de la tierra las terribles lágrimas que produce la oscuridad, no tuve, padre, un rato de juventud con que pronunciar y estrechar con pasión tu nombre; yo no sabía que un muchacho con el cuerpo de mimbre tenía que parar, hablar con su padre y darle forma, crearlo; ... y ahora ¿ cómo llegar a ti ? ¿ cómo sacar constelaciones y lumbres vivas del corazón y tocar tus manos y que lo sepas ? ... este oficio de vivir no nos dio para mucho; pero, al menos, nos queda esta prenda serena de dolor, la que acompaña siempre a los silencios duros, y graves, como el que ahora tengo.
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