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Aún le tiembla la voz si evoca aquellos días lejanos de sus veinte. Esta mañana, con las tostadas y el café con leche , me ha estado hablando de onzas y reales.

De las sillas de mimbre en las aceras después de una jornada de trabajo, del respeto perdido a los mayores, a ciertos apellidos, de aquella rigidez de misa y convenciones necesarias.
En un mundo que ignora que aún respira sólo encuentra la paz en los recuerdos, y era un mundo mejor el de sus veinte… Yo la escuchaba y asentía.
Y una ternura enorme se ha instalado en mi pecho, y he sentido el impulso de abrazarla y llorar todas sus pérdidas , el mundo aquél de sus veinte y la vida.
Lejos de la patria perdida de los años. Después se ha levantado , ha limpiado su taza y ha vuelto al balancín que ya conoce el peso y la medida de su espera.
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