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Un requinto timbra dulce las notas que te estremecen mientras vuelve la utopía y tu carne reverdece. Un suspiro va vibrando y temblando, -me parece- cual las cuerdas de guitarra que tus penas adormecen, cual las cuerdas de guitarra que tus penas adormecen...

Y volaste en tu cometa a los veinte o diecisiete cuando brincabas la orilla de los charcos de tu mente. Un pasillo te acordaba el sonido intermitente de los pasos de tu amada, de carrozas y jinetes, de los pasos de tu amada, de carrozas y jinetes...
Las cantinas reventaban de borrachos y mujeres; la madrugada danzaba como el viento en los laureles, mas te fueron tan ajenos esos lánguidos placeres porque siempre tu pasillo te arrullaba de quereres, porque siempre tu pasillo te arrullaba de quereres...
Eres un viejo noctámbulo pues la vida te anochece; andas cazando recuerdos con arrugas de tu frente. ¡Cómo tu pecho agitaban lagarteros en los muelles! y dedicabas mil versos a tus novias y a tu gente, y dedicabas mil versos a tus novias y a tu gente...
El pasillo de mi viejo suena en su adentro muy fuerte, él quisiera más rockolas pues sus años le devuelven. Mientras que besa los nietos que el Gran Dios le concediere va susurrando bajito un pasillo que no muere va susurrando bajito un pasillo que no muere...
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