|
Yo todavía te recuerdo entre mis brazos cuando tus pasos eran por demás cortitos, aquella niña que inocente en mi regazo iba soñando con surcar el infinito.

Hoy los azares de la vida nos llevaron por derroteros que parecen cuesta arriba, y sin embargo por antojos de la vida estoy feliz porque de nuevo nos juntaron.
Por eso en mí el reprocharte no concibo dicen que Dios sabe el porqué de lo que hace, yo por mi parte me declaro bendecido con aquél ser que en tu pequeño vientre yace.
Ay niña mía no imaginas cuánto te amo que la ilusión de ser abuelo el pecho me abre, estoy dispuesto a ser tu apoyo y dar mi mano.
|